En pocas situaciones nos sentimos tan solas. Es uno de esos momentos en que nadie puede ocupar nuestro lugar. Es como tirar una moneda pero sintiendo que en el cara o cruz nos va la vida. ¿Qué mujer no siente el vértigo del abismo cada vez que encara un examen ginecológico?
Pero siempre digo que somos afortunadas por tener esa cita con la verdad. Aunque cueste. Muchas mujeres no tuvieron ni siquiera la oportunidad de llegar antes que cualquier mala noticia. Y nadie dice que es fácil. Sólo nosotras lo sabemos. Sabemos del nudo en la boca del estómago y del coraje que nos inventamos para soportar la revisación del médico. Y del frío del consultorio y de los apretujones de la mamografía. Y de respirar hondo y de levantar el brazo. Y de contener el aire y de contener alguna lágrima. Y de esperar los malditos quince días para tener el resultado. Las mujeres somos muy valientes. Me sonrío mientras lo escribo porque eso es también algo que guardamos. No lo andamos diciendo por la vida pero íntimamente lo sabemos. Estos hitos femeninos modernos como el “Pap” o la mamografía son sólo muestras. Ni hablar de lo que es traer un hijo a este mundo: parir. Parir, es cosa de mujeres.
En todo esto pensé cuando me llamaron de MACMA -Movimiento Ayuda contra el Cáncer de Mamas-, para formar parte de su nueva campaña de concientización. Aunque sobre todo pensé en mi madre. Porque cada día que pasa le agradezco a la vida que a pesar de todos los sufrimientos, haya sobrevivido a un cáncer de mama. Su calvario hubiera sido mucho menor si ella contaba con un examen hecho en tiempo y forma. Y la lección de su adversidad fue para mí, ser plenamente consciente de esto y apostar por la prevención. ¿Cómo no compartirlo con otras mujeres que como yo sienten la misma angustia, la misma incertidumbre, las mismas dudas?
MACMA nació de una historia personal. Su fundadora, Cecilia Palacios fue una de tantas mujeres que se encontró con el diagnóstico menos esperado. Esa experiencia, vivida en 1997, la cambió para siempre. Y luego de ganarle al cáncer no se conformó con seguir adelante con su vida. Quiso hacer algo por otras mujeres que debían atravesar lo que le tocó a ella. En los últimos 13 años, MACMA asistió a 6 mil mujeres con cáncer de mama, con apoyo psicológico, médico y emocional. Pero quienes conducen esta asociación saben que el gran desafío es llegar a las miles de mujeres que aún no convirtieron en un hábito en sus vidas dos pasos cruciales: la mamografía anual recomendada a partir de los 30 años y algo mucho más sencillo pero infrecuente, el autoexamen. Conocer nuestros senos mediante la palpación mensual y detectar la mínima diferencia es algo al alcance de todas nosotras.
“Yo me animo” es la frase inspiradora que repetimos quienes participamos de la campaña. Convocadas por Marcela García en representación de Carolina Herrera, que ha hecho una causa global de su marca la lucha contra el cáncer de mamas, asistimos las actrices Inés Estevez y Julieta Díaz y yo como periodista, para convocar desde nuestros lugares a mujeres como vos o como nosotras. Las sesiones de fotos, lideradas por la fotógrafa Maby Rod, se hicieron en dos etapas y con mensajes diferenciados. Una de ellas nos muestra junto a mujeres que sobrevivieron a la enfermedad levantando un brazo, con el gesto de quien se atreve a hacer algo con total y franca convicción. En la segunda fase, recreamos una situación de intimidad. Ante un espejo, y con el torso desnudo, elevamos el brazo con el gesto típico de quien se prepara para realizar la palpación mamaria. La campaña se lanzará el próximo mes de septiembre pero desde ya generó un gran interés y me permitió conocer historias de mujeres que atestiguan con sus vidas que se puede salir airosas y más vivas que nunca.
María Victoria tiene 48 años, es ama de casa, mamá de un hijo de 17 y dueña de una energía contagiosa. “Tuve cáncer pero estoy curada” -afirma con orgullo. “Por haberme hecho estudios de rutina le ganamos a la enfermedad” -me dice con seguridad. Tenía 42 años cuando recibió la peor y la mejor noticia de su vida. Debían operarla por un tumor en uno de sus senos, pero el tejido que lo rodeaba estaba sano y no había necesidad de extirpar la mama. “Mi marido estaba aterrado. Tenía mucho miedo. Hasta dejó de fumar con lo que me pasó”, cuenta rememorando ese momento terrible. “Muchas mujeres no hacen el control porque no tienen idea de lo que puede llegar a pasarles. Yo les digo que se lo hagan”.
Liliana Leotta me escribió un mail conmovedor a mi casilla de Telefe Noticias. Le pedí autorización para transcribirlo y compartir su historia: “Las que padecimos esta enfermedad maldita, sabemos lo que significa. Me operaron en febrero del 99, despues de tres biopsias. El diagnóstico era un carcinoma y la solución, extirpar la mama. El mundo cayó sobre mi cabeza con una hija que recién terminaba de festejar sus 15 y un hijo de 12. Mientras viva, no olvidaré las lágrimas de mi hijo cayendo en su plato de comida el día que volví a casa después de la operación. Por haberlo agarrado a tiempo, no necesité ni quimio ni rayos, nada. Han pasado más de 11 años y todo es un mal recuerdo. Por supuesto que hay un antes y un después. La ciencia, el amor de los míos, y mis ganas de vivir lo hicieron posible”.
María Victoria y Liliana están dentro de una estadística que debe darnos esperanza. El 95% de los tumores detectados a tiempo son curables. Pero como 1 de cada 8 mujeres tiene riesgo de padecer cáncer de mamas el monitoreo personal y médico es vital. Es casi como tener la posibilidad de ayudar a la moneda de la suerte para que caiga a nuestro favor. Muchas mujeres no tuvieron esa chance. Por ellas, por nosotras, por quienes amamos y nos aman, tenemos que decir: Yo me animo.

Cristina Pérez.
Periodista.



